Sobrevivir a la angustia y emprender el camino hacia uno mismo
Muchas personas a mi alrededor me cuentan que están sufriendo mareos, sensación de vértigo, náuseas…
Si sufrimos de mareos continuados en el tiempo, lo primero es descartar cualquier afección física que requiera tratamiento médico específico.
Mareos, nauseas, acerelación del ritmo cardiaco, sensaciones que nos paralizan… Estos y otros síntomas pueden ser causados por un «transtorno de ansiedad». Es una de las formas en que somatizamos en el cuerpo el estrés mental continuado.
El covid-19 nos está dejando momentos de miedo, incertidumbre, falta de control y mucho estrés. Hay que vivir día a día, ya que el mañana es incierto.
Vivir el presente lidiando con lo que aparece en cada circunstancia de la vida es lo preferible. Así que podríamos pensar que gracias a esta pandemia estamos obligados a usar esa herramienta de vivir cada instante, sin pensar en el futuro. Cada dificultad en la vida es una oportunidad de cambio y crecimiento. No es tarea sencilla; como todo aprendizaje es un proceso de autoconocimiento y práctica.
En una sociedad acostumbrada a creer que tenemos mucho control sobre nuestras vidas. Buscamos la seguridad a toda costa (como si esto fuera realmente posible). Cada día arriesgamos menos y nuestras necesidades más básicas están cubiertas así que vamos saltando de una necesidad creada a otra necesidad creada.
El mal llamado primer mundo ha vivido décadas de relativa seguridad. Sin guerras ni pandemias. Acostumbrados a ir al supermercado y comprar todo lo que necesitamos y lo que no. En otras generaciones anteriores o en otras partes del mundo nos damos cuenta que vivían y viven esa sensación de falta de seguridad sin ansiedad. Aun cuando sentían y sienten el mismo miedo a morir o a quedarse sin nada.
La aceptación de que la vida es hoy e ir viviendo las desgracias y las alegrías según suceden no da cabida a la angustia. Incluso podemos hablar que la felicidad es sosegada, sin gran euforia, porque existe la aceptación de la temporalidad. Esta ayuda a darnos cuenta de que todo es temporal y cíclico. El famoso Jing y Jang.
El COVID-19 amenaza toda nuestra integridad física, mental y seguridad económica. Nadie tiene el control. Ni los gobiernos, ni la sanidad. Ni siquiera las grandes potencias mundiales. Un cóctel de inseguridad que es como caldo de cultivo para el pánico.
La amenaza continua del confinamiento y el uso de la mascarilla nos deja secuelas emocionales ya que la resiliencia se desarrolla y se amplifica gracias al contacto social.
Hay que convivir con el miedo a la enfermedad, a la muerte y a no poder subsistir económicamente. Así que en muchos casos eso de no pensar en el mañana será un mecanismo de defensa. Una forma de reprimir nuestras emociones. El problema es que más tarde o temprano esta represión dara la cara en forma de ansiedad.
La ansiedad no esta solo por culpa del Covid-19. Trastornos como éste o los ataques de pánico, depresión. etc. son cada día más frecuentes.
Mareos, palpitaciones, nauseas, parestesias (sensación de hormigueo y adormecimiento) taquicardia, insomnio, sensación de quedar paralizado (ya que el miedo paraliza). A veces las sensaciones son tan intensas y debilitantes que cuando se han sentido alguna vez siempre se vive con miedo a que vuelvan a aparecer.
Muchas son las personas que vienen a consulta buscando ayuda. En algunos casos después de haber estado tomando la pastilla mágica que libera de la ansiedad y de los síntomas que la acompañan. Aunque funciona al principio pasado un tiempo la ansiedad vuelve a aparecer.
Los ansiolíticos ayudan a miles de personas en el mundo. Son necesarios en muchos casos y en momentos determinados. Aunque no curan las causas de la ansiedad ya que actúan solamente sobre los síntomas. Solo son efectivos realmente si van acompañados de terapia y trabajo personal.
La vida no es principalmente una búsqueda del placer, como creía Freud, ni una búsqueda de poder, como lo enseñó Alfred Adler, sino una búsqueda de sentido. La mejor tarea para cualquier persona es encontrarle sentido a su propia vida.
Viktor Frankl
Lo irónico de la ansiedad con o sin pandemia es que a veces los síntomas aparecen cuando ya estamos relajados y el cuerpo empieza a dejar salir todo el miedo, el nerviosismo y todas las emociones reprimidas en forma de ansiedad y somatizaciones corporales.
Esto tiene una explicación. En gestalt lo llamamos la regulación homeostática. Cuerpo y mente se equilibran para ahorrar energía y se colocan en modo de defensa mientras están en el problema, luchando por subsistir. Todas las defensas salen para poder ahorrar energía y salir del problema.
Si siento miedo lo reprimo, necesito estar positivo. Si quiero llorar lo reprimo por miedo a caer y no volverme a levantar. Este modo de represión es en cierto modo natural y necesario cuando lo que sucede nos supera. Aunque en algún momento y de alguna forma tiene salir.
Es frecuente que nos pasemos el día rumiando, pensando en el futuro y en todo lo que podemos conseguir. Pero si nos centramos en el presente y valoramos lo que tenemos y lo que hemos logrado, esto nos hará sentir realmente bien.
Martin seligman
Aunque la ansiedad es muy insidiosa siempre nos da un mensaje que es importante leer. Incluso en este momento especialmente delicado donde es normal sentir miedo y ansiedad.
Podemos aprender mucho de nuestra ansiedad y en ese sentido es importante hacer un trabajo de profundidad con ella.
La ansiedad nos da pistas de cómo nos tomamos las cosas. Cuánto tiempo pasamos en la mente y cuánto en el presente. (En ocasiones estamos en la mente fantaseando con desgracias que quizás no ocurrirán nunca). Nos habla de los patrones de comportamiento que desarrollamos de pequeños y tuvieron su función adaptativa y ahora nos mantienen en alerta aun cuando no hay motivos.
La ansiedad no puede evitarse, pero sí reducirse. La cuestión en el manejo de la ansiedad consiste en reducirla a niveles normales y en utilizar luego esa ansiedad normal como estímulo para aumentar la propia percepción, la vigilancia y las ganas de vivir.
Rollo May
El trabajo terapeútico de la ansiedad es con las emociones reprimidas. Con el miedo al futuro. Con las lágrimas no derramadas. Con las formas disfuncionales de vincular con otros que aprendí en mi familia de origen. El cuerpo es sabio y nos manda mensajes y en el proceso de autoconocimiento aprendemos a escuchar y identificar estas llamadas de atención corporales.
Es normal sentir miedo e inseguridad en estos tiempos de incertidumbre que estamos viviendo. Y sentir ciertos momentos de angustia. Ese nerviosismo puede tener una función de supervivencia. Aunque si la ansiedad me paraliza o me supera entonces es importante trabajar la causa.
El proceso terapéutico ayuda a ir descubriendo cada día quién somos, qué pensamientos nos paralizan y para qué nos sirven. Cómo nos relacionamos con nosotros mismos y con los demás. Cómo son mis patrones de apego. Y darnos permiso para expresar y sentir el miedo, la inseguridad acompañados y respetados en nuestros ritmos.
La integración de los momentos difíciles es un aprendizaje muy importante. Darnos cuenta que todo es temporal y no conducirnos desde la euforia a la depresión. Cuando la vida azota es difícil mantenerse en pie. Y el proceso de mirar de frente la angustia nos ayuda a confiar en nuestros recursos aun cuando parece imposible.
En terapia vamos a aprender en qué circunstancias se dispara mi ansiedad. Hablar de todos nuestros miedos y angustias. Poner luz a lo que se esconde en lo más profundo de nuestro ser y que se queda escondido hasta para nosotros mismos.
Siempre es importante poder expresar lo que sentimos. Siempre es terapeútico compartir con alguien nuestras inseguridades. Esta crisis sanitaria hace que esto ahora sea imprescindible. A veces un amigo o familiar será suficiente para calmar la angustia, aunque otras veces no.
La ventajas de la escucha profesional es que no hay juicio, no hay exigencias, no hay consejos bienintencionados. Solo un acompañamiento respetuoso para descubrir el origen de la ansiedad.
Quién sabe si el COVID-19 nos llevará a recorrer caminos emocionales inexplorados. Desde luego cualquier duelo y momento díficil de nuestra vida es una oportunidad para conocernos mejor y crecer como personas.
En medio de la dificultad reside la oportunidad.
Albert Einsten
