Los niños viven siempre en el presente, pareciera que nunca tienen problemas o emociones negativas. En muchas ocasiones al preguntarles en momentos difíciles cómo se sienten la respuesta es ¡bien! ó ¡déjame en paz!
Y los dejamos estar…
En muchas ocasiones es cierto que están bien y es importante no presionarles para que hablen. Los niños tienen recursos para gestionar algunos momentos difìciles de su vida. Los conflictos con sus amigos o compañeros de clase, las preguntas existenciales y los cambios inherentes al crecimiento. Además, es positivo dejarles que desarrollen herramientas para gestionar sin nuestra ayuda algunos problemas. Así fomentamos su autoestima y resiliencia. Si solucionamos todas sus dificultades se sentirán que ellos no pueden solos e irán perdiendo seguridad en sì mismos y en sus capacidades.
¿Pero qué pasa con los momentos de la vida especialmente estresantes o dolorosos? ¿Aquellos momentos que son especialmente difíciles para los adultos? ¿Cómo es posible que los pequeños los hayan gestionado sin dificultad cuando a nosotros nos están desbordando?
Vivir el presente ayuda sin duda a estar tranquilo y aceptar instante a instante lo que nos sucede. Aunque no podemos evitar la tristeza, la ansiedad, el sentirnos descorazonados cuando la vida nos reserva cosas desagradables. Así como no podemos evitar sentirnos ilusionados o contentos cuando la vida nos sonríe.
Los niños tampoco pueden evitar sentir las emociones.
El problema es que los pequeños no tienen los mismos recursos que los adultos. A los más pequeños les falta el vocabulario para explicar con palabras lo que les sucede, o no saben cómo gestionar las emociones negativas que les invaden.
A veces disponen de más de capacidad para expresar las emociones, pero estas pueden ser tan desagradables que no saben cómo manejarlas. Y si la situación que viven es muy dolorosa echarán mano del olvido.
Los niños tienden a disociar los recuerdos dolorosos.
Por ejemplo en los casos de divorcio, discusiones o violencia doméstica, los niños olvidan los sucesos y reprimen las emociones que les generan pues es la única forma para defender su integridad emocional y vivir en un entorno amenazante.
En muchas ocasiones queremos que los pequeños expresen sus emociones, sin embargo, nosotros como adultos no las expresamos. Si nuestro hogar es un sitio donde nunca se habla de los conflictos abiertamente o de las emociones negativas. Si ante la dificultades no mostramos las emociones que nos embargan. El mensaje implícito será que las emociones negativas no se expresan.
Los niños son especialistas en leer el lenguaje corporal.
Así que si estamos tristes y les decimos que estamos «bien» interpretarán que estar triste no es positivo. Somos el ejemplo de los niños en todo.
La mayor parte de las veces lo haremos para protegerlos, queremos que ellos siempre sean felices. Pensar que por ser niño debe estar siempre feliz es obviar la polaridades de la vida. Para que haya felicidad debe haber tristeza.
LLorar me tranquiliza los problemas de la vida. Tristeza
Pelicula «Del revés»
Cuando los niños se caen los adultos, con la mejor de las intenciones, les decimos que lo que les pasa no es nada. «No llores, no duele.» Y ellos empiezan a desconfiar de sus propios sentimientos y sensaciones.
Recuerdo lo difícil que fue para mi aceptar que mi hija era muy tímida y que no le gustaba dar besos y saludar a la familia. La cantidad de veces que invalidaba su emoción de angustia para que fuera cariñosa. Me di cuenta que el problema era mío y aprender cómo el deseo que yo sentía de que ella fuese cariñosa estaba dándole el mensaje que lo que ella sentía no valía.
Queremos que nuestros niños expresen sus emociones para que aprendan a gestionarlas. Y al mismo tiempo nos asustan cuando las expresan.
Si queremos ayudar a los niños cuando nos necesitan hay que estar atentos a las señales:
El niño dice que no le pasa nada y se muestra nervioso e irascible. Tiene rabietas fuera de lo normal. Hay un cambio en su forma de actuar. Estos son síntomas de que algo le está pasando y necesita la ayuda de un adulto. La mayor parte de las veces los padres podemos ayudarlos. Aunque habrá momentos que no. Y habrá que buscar la ayuda de un terapeuta infantil.
Hay duelos importantes y difíciles en la vida. Y si lo son para los adultos para los niños más todavía. Los divorcios o separaciones, las muertes de familiares, son muy traumáticos para los niños y necesitan de gran paciencia y amor para poder elaborar bien sus duelos.
Ahora mismo vivimos un momento de mucho estrés. El COVID nos a confinado y alejado de familiares y amigos. Algunos niños lo llevaran mejor que otros. Aunque todos tendrán momentos difíciles y habrá que ayudarles a que expresen y gestionen las emociones y sentimientos.
Los síntomas están ahí para ayudar al niño a mejorar. Y si le damos el espacio para que actúen los síntomas y les acompañamos jugando los problemas, los niños mejorarán. Es importante no presionarles para que hablen. Dejarles espacio para que se abran a su ritmo. No interpretar lo que les sucede más bien escuchar sin juzgar.
Si se sienten escuchados y respetados. Si viven en una hogar donde se expresan las emociones sin juicio. Entonces llegará un día que expresen lo que les sucede de una forma u otra. Puede que nunca nos enteremos de lo que les pasaba. Que nunca expresen con las palabras exactas el problema. Sin embargo, aprenderán a gestionar los duelos, los conflictos, y las fases de crecimiento de forma saludable.
Una gran forma de ayudar a los niños a expresar las emociones es através de la creatividad:
Juegos que ayudan a expresar las emociones
- Dibujar. ¿Me dibujas una emoción de este momento?
- Hacer plastilina o arcilla. ¿ Que forma tiene el problema/emoción que sientes?
- Juegos proyectivos con los muñecos. El muñeco cuenta lo que le pasa. Y nosotros le preguntamos al muñeco.
- Escribir en un globo los problemas o emociones y ir soltar los globos al aire.
- Pintar al monstruo que les da miedo y pactar con él, o jugar a vencer al monstruo (o al miedo).
- Escribir en varios papeles las emociones difíciles y después en un bote quemarlas (con supervisión de un adulto) (adolescentes).
- Plantar los problemas/ emociones.. cortamos unos papelitos escribimos los problemas/emociones/ deseos/ expectativas/dificultades. Y los metemos en la arena junto a unas semillas en una maceta.
- La ventanas de las emociones: Dibujamos unas ventanas y cada día preguntamos como es el tiempo de afuera (soleado/ nublado etc…) y como es el tiempo de adentro (soleado/ nublado). Los niños aprenden la diferencia entre el adentro y el afuera de ellos mismos y exploran sus emociones indirectamente.
- Escribir/dibujar su propio cuento de las emociones. ¿Como es para ti estar furioso? ¿ como es estar feliz? ¿como es estar triste? Ayuda a explorar las emociones.
Hay técnicas para ayudar a nuestros pequeños como el «FOCUSING».
«Fosusing para niños «
Maria stapert-Eric Verliefde ed. Descleir De Brouwer
Aquí os dejo el trabajo para ayudar con las emociones de los más pequeños de «Beatriz Larepa» basado en focusing:
Una buena forma de ayudar a los niños a gestionar sus duelos y expresar las emociones es a través de los cuentos.
Aquí dejo una lista de ellos…
